Llegó…

Llegó como aguacero de febrero
tan repentino como presagiado.
Llegó para marcharse y sin embargo,
las hiedras y anacondas se opusieron.

Llegó con pasaporte provisorio
sin fecha de regreso ni reembarque
cargándose en maletas al destino,
corrientes del presente conjurado,
aún oliendo a viajes del pasado,
trayéndose al futuro a manos llenas.

Perfumes de mujeres en la entraña,
de tanto en tanto emanan de su piel
y llenan recovecos de mi alma
que en vientos borrascosos se desgarra.

Llegó como el ocaso al horizonte
volcándome en el vientre la lujuria,
a descansar la vida extenuada
sobre el remanso tibio y nacarado
de mi profunda y llana geografía.

Llegó para marcharse y sin embargo,
me juega zancadillas el destino,
abriga con sus brazos mis heladas,
enreda mi cabello en su hojarasca,
embriaga así mi alcoba con fragancias.
Pero…al pie del crepúsculo opacado,
mis ojos entrecierran soledades,
y luna a luna vuelven hacia mí
que envuelta en piel estoy para adorarlo.