María Eugenia Ayala
Periodista y poeta. integra la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP), Miembro de la Comisión Directiva del PEN Club del Paraguay, Coordinadora del Movimiento Literario Generación de los 90.
Aunque no estés…
Aunque no estés Me vestiré de mar y maremotos para tocar el haz del horizonte que cruza el cielo azul de tu reposo. Me desharé en el viento en un instante para alcanzar tu oído con mis versos. He de mirar el rostro del labriego del campesino en busca de su tierra he de volver la vista hacia tu pueblo que ha de volver al mundo tu recuerdo. He de llorar con ellos sus anhelos sobre esta tierra seca y quebrajada si así despierta el llanto tu recuerdo y devuelve a tu gente la esperanza. He de escribir poesías en el aire Y he de empapar la aurora de quimeras Si así algún día vuelves como un ángel. He de buscar el yermo de tu ocaso para que en su silencio resucites, en la mirada frágil de algún niño en el sentir de aquel que no descansa por un mundo más...
Leer másEl amor
El amor es un mundo fantástico que te arrastra hacia el misterio. Es un enigma que sólo el corazón es capaz de descifrar. Pero como toda mi alma es enigmática, el amor emerge del cauce dulce de los ríos de mi alma; es lo que me incita a vivir junto al presente, un pasado y un futuro al mismo tiempo. Suena irónico decirlo, pero el amor es como los sueños, sin límites, sin vallas ni reglas prohibitivas, es hermoso saber que el sentimiento es sólo nuestro sin que nada ni nadie nos lo pueda arrebatar. De haberlo descubierto puedo decir, que es una fuerza inexorable que no se puede contener, esa fuerza que nos hace inmortales, absorto mi corazón, despierta su propia primavera. El amor no es precisamente el príncipe azul de los sueños dorados, el amor puede...
Leer másVamos
Al exiliado Van mis huellas a traerte del letargo y el olvido, de la bruma del sudor, del silencio de plegarias que a mi garganta impregnan tus años de dolor. Van mis ansias al recuerdo del hastío y estupor, a salvarte del ocaso de las botas y el olivo. Va tu gente con mi abrazo a buscar en tus anhelos, a pesar de despreciarlos los honores del poder. Va tu pueblo que aún te reza, va su sangre redimida, va el labriego con su espiga, los poetas con sus letras, los exiliados con sus musas, el enfermo y su esperanza, el pobre sin abrigo, el niño sin sonrisa. Por el hambre que hoy nos turba de justicia y de vida digna, por la sed que no se sacia vamos todos, del olvido a rescatarte.
Leer másEse poeta tiene quien le escriba
A William Baecker en el afecto que entrañamos los poetas y los versos que con cariño le he robado. Ese poeta tiene quien le escriba. A mí también, amigo, llegó con un chubasco. Ancló a mis orillas, allende a manivelas de diáfanas nostalgias ya olvidadas, el bolso aún cargado de viejas humedades y agonías. Dejó sobre el sofá toda su hombría, quebró delirios rojos en el antiguo espejo de la sala. También él, “cenó conmigo, cerró la puerta, se quedó”. Pero ¿sabes? Si cobijo mis sueños en la almohada un frío inadvertido sacude mis entrañas y toma por asalto mis monturas. Ese poeta tiene quien le escriba. Yo tampoco creía, pero es cierto ya tú me habías dicho… “Esa diosa ramera que se acuesta en los últimos tiempos con...
Leer másDe poetisas y de locas
Entre versos de polvo desprovistos, de métrica, de rima y un ensueño, de Villeta, diciembre y santaritas ella viene con líricas del alma. Al andén romancero nos cruzamos en la luna de Lorca conversamos en el mar de Alfonsina perecemos con Neruda al azar de la poesía. Nos reunimos con Lorca y nos sentimos en la piel de Lucía cada tanto, al descuido algún beso le robamos y caemos rendidas en sus brazos, anacondas de leños inmortales. De Neruda bebemos con vehemencia sorbo a sorbo la sal de su Isla Negra. Entre letras Delfina me confiesa que hubiese ella querido entre sus versos por una vez, también, ser su muchacha. Y no muy lejos de este pensamiento confieso que en la hoguera literaria, la que nos une a todos los poetas, quisiera yo también ser su...
Leer másDulce amigo mío, dulce compañero
Dulce amigo mío, dulce compañero, no me dejes nunca sola en este mundo. Quédate conmigo, quédate a mi lado. Cuando tenga frío ménguame en la luna un espacio tibio, y un silencio blanco siempre entre tus brazos. Tómame la mano dulce amigo mío, dulce compañero, llévame contigo a tu mar celeste hazme un arrumaco lleno de cariño. Cuéntame en tu mundo como yo te cuento no me dejes nunca sola en esta tierra. Déjame que cante coplas en tus brazos. Déjame que baile valses en tu vientre. Déjame que escriba versos en tus labios deja que perfume nardos en tu pecho. Dulce amigo mío, dulce compañero, siéntate conmigo con la pluma en mano de mar y camelias. Dulce amigo mío, dulce compañero, rompe junto a mí toda la atadura; que nos reconcilie el sol y la...
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